03 abril 2010

'Cómo entrenar a tu dragón' o cómo DreamWorks finalmente hace honor a su nombre



LA PELÍCULA EN LA MEJOR WEB DE CINE: LA BUTACA

por JOAN PAU INAREJOS
 

Nota: 7,5
'DreamWorks' significa algo parecido a 'Factoría de sueños' pero la compañía de Steven Spielberg raras veces había ejercido como tal: desde el ogro Shrek y toda su progenie, la compañía de animación se había ido especializando en productos irónicos y sobreexcitados, más preocupados por lanzar guiños constantes a los adultos que por bastir una historia eficaz y emocionante, en una obsesión paródica que ha generado bodrios tan infumables como 'El espantatiburones' o 'Bee movie'.

Cierto que los magos de la Pixar siguen siendo insuperables en su maravillosa simplicidad y empatía (véanse las recientes 'Up' o 'Wall-E'), pero hoy debemos celebrar que los aprendices de DreamWorks han recapacitado a tiempo (¿les habrá caído una manzana en la cabeza? ¿un eureka en la bañera?) y han comprendido lo que significa fabricar un sueño: aun con sus defectos, 'Cómo entrenar a tu dragón' logra transportarnos a las alturas de la diversión y tiene la textura sedosa y colorista de los cuentos de toda la vida.

Con gafas o sin ellas, esta fábula sobre vikingos enfrentados a los dragones luce una factura técnica sencillamente deslumbrante, desde el rostro matizadísimo de Hipo, el joven protagonista (¡por fin una cara humana convincente en el cine digital!), hasta las alucinantes expediciones por mar y cielo y ese montaje virtuoso y complejo -digno de las mejores películas de acción-, sin olvidar la piel brillante y oscura de Desdentado, un entrañable monstruo-mascota, a la vez perruno y reptil, que parece un cruce genético de E.T., los totoros japoneses y el endiablado alienígena de 'Lilo&Stich' (de los mismos directores).

Sí: la DreamWorks ha conseguido destilar humanidad y ternura, y ahí está la fantástica escena donde Hipo y Desdentado se conocen y se temen, se observan con extrañeza y se retan con juegos mutuos, en un pasaje mudo y sosegado donde las palabras ni están ni se las necesitan. La historia de fondo ya la sabemos: los monstruos no son tan malos, el lobo no es tan fiero como lo pintan, y un joven miembro de la comunidad lo demostrará transgrediendo las normas y metiendo la mano en las fauces si es preciso. La novedad es que por fin se han creído una historia y se han esmerado en hechizarnos en cada uno de sus planos.

Si además de todo esto 'Cómo entrenar a tu dragón' no tuviera una sucesión cargante de diálogos presuntamente graciosos y tampoco exhibiera incomprensibles personajes parecidos a muñecos de videojuego (como la joven Astrid), entonces ya sería para ponerse el casco y bendecir a Thor. Pero nos quedamos en un modesto aleluya.


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